EDICION 86

 

ABRIL 2008


Mazatlán Historias Mínimas y Días con Historia

Por Enrique Vega Ayala
Cronista Oficial de Mazatlán

• Un museo de historia de la ciudad en gestación.
• Un libro artístico para contar la historia del puerto.

Por lo menos desde la década de los años cuarenta del siglo pasado se han presentado varios proyectos para formar un Museo de Historia de Mazatlán. La idea más antigua conocida, relativa a dicho objetivo, la planteó el historiador, político y diplomático mazatleco José C. Valadés Rocha. A través de su periódico El Correo de Occidente, Valadés promovió la idea. En las oficinas de ese diario se empezaron a recibir objetos relacionados con el pasado porteño, e incluso regional, que debían analizarse para determinar su valor y pertinencia respecto a su eventual exhibición; pero, finalmente, no se pudo concretar su realización.

A finales del mismo siglo, cuando se empezó a plantear la recuperación del Centro Histórico de la ciudad, de nuevo surgió la demanda de un museo donde propios y extraños recorrieran las diversas etapas de evolución de la comunidad de Mazatlán. En esa época, el Gobierno del Estado se hizo cargo de remodelar una casona antigua e instaló en ella lo que hoy es el Museo Arqueológico de Mazatlán del Instituto Nacional de Antropología e Historia, ubicado en Sixto Osuna 76, en el Centro.

Si bien, con él se satisfizo la necesidad de un museo, su enfoque, restringido a las culturas prehispánicas de la comarca, sólo se atendió parcialmente el requerimiento colectivo planteado, de contar con uno donde el recorrido histórico abarcara hasta periodos relativamente recientes. Casi 20 años después, seguimos notando esa carencia.

El desarrollo de turismo cultural, que ha cobrado relevancia en nuestro destino turístico, exige la cristalización de atractivos adecuados que complemente el del perfil arquitectónico de Mazatlán.

En atención a esos reclamos, ya está en funcionamiento, en el edificio del Teatro Ángela Peralta, una pequeña sala de museo donde se cuenta la historia de la ciudad. Ahí mismo se encuentra a la venta un pequeño libro en el que se recoge el contenido visual y los textos de esa exposición permanente. El texto también puede adquirirse en la Librería La Casa del Caracol.

Con la instalación y el folleto, los autores y el Instituto Municipal de Cultura Turismo y Arte pretendemos contribuir a la difusión de la historia de Mazatlán, desde una perspectiva agradable, impactante y accesible. La exposición y el libro se inscriben en el desarrollo de la idea, de la visión, que se ha ido imponiendo en nuestra colectividad, de que deben crearse alternativas de esparcimiento cultural que resulten atractivas y turísticamente redituables.

El diseño visual de los elementos museográficos y de las páginas del libro fue la señora Beatriz Molins de Salomó. Los textos fueron redactados por quien esto escribe. A los dos nos sedujo la idea de ofrecer estos productos como contribución a la construcción del futuro Museo de la Ciudad.

El Instituto de Cultura, bajo la tutela de Raúl Rico, decidió promover la renovación del teatro Ángela Peralta como espacio privilegiado para ese tipo de acciones. Se pretendió aprovechar su carácter de corazón cultural de Mazatlán, para que en sus pasillos y salones se recrearan las múltiples facetas de la creatividad porteña y se reconociera, en esos rincones, el valor de la herencia construida por generaciones de mazatlecos.

Nosotros intentamos sumarnos a esta tarea con una propuesta que esperamos trascienda y se consolide para beneficio de todos los mazatlecos. Queremos que la exposición no se vea como una sala de museo "de emergencia", instalada en un pasillo para evacuaciones de urgencias indeseadas, sino que se conserve de manera permanente como parte del recorrido obligado, para niños, jóvenes, público mazatleco y visitantes, en general, por el emblemático espacio arquitectónico de nuestro teatro decimonónico.

La síntesis histórica que ponemos a disposición de todos, en el libro y la exposición, no fue fácil de lograr y seguro será objeto de una saludable polémica. Una parte importante del libro y la exposición son las fotos antiguas. Con el uso de ellas no estamos descubriendo nada, ni siquiera la nostalgia por las mismas; pero, allí hay una pequeña muestra de la riqueza de ese acervo fotográfico. Como podrá observarse en el recorrido y en libro, los retratos se utilizan de una manera especial, con gran respeto por la diseñadora, incorporando cada uno en brillantes y coloridas composiciones gráficas.

La historia porteña, en el libro y la exposición, está contada a través de esas imágenes y mediante textos simples, en extremo breves, con el propósito de que, con una sola mirada, al pasar, el lector, el visitante, se asome y se lleve, en una frase, un trozo del pasado construido aquí junto al mar.

Se trata de una cronología, donde se da cuenta de muchos de los días memorables de la vida en nuestra localidad. Faltarán o sobrarán fechas a juicio de cada lector. Como seleccionador intenté incorporar las más representativas. Lo mismo sucede con los personajes y los hechos capitulares. ¿Por qué están estos y no otros? se podrán preguntar. Fue el arbitrio personal del cronista, en primer término; y, fue determinante que el uso intensivo del espacio físico disponible, dentro del edificio, no daba cabida para más.

Son 32 mamparas las que integran la exposición y 64 páginas, las del libro. Hay, pues, 32 narraciones mínimas mediante las que se muestran los sucesos más relevantes que han tenido lugar en esta tierra. El recuento inicia por donde tenía que empezar: por el pasado indígena y con el venado que representa ese origen en el nombre propio de la ciudad. También se abordan las primeras incursiones de los españoles y otros europeos por tierra y por mar en la región, unos en afán de conquista y exploración, otros en el rol de piratas.

Luego sigue la descripción del proceso de formación de la ciudad: se documenta la formación del primer gobierno instalado para ofrecer a la Corona Española mejor control sobre el puerto; se anota la leyenda de los primeros pobladores; la instalación de la Aduana Marítima; y, la formación del primer Ayuntamiento citadino.

Otro conjunto de láminas contienen información sobre la construcción de la primera iglesia y del establecimiento de la sucursal de una casa de comercio alemana que más tiempo permaneció en activo en Mazatlán. Enseguida se ilustran las ocupaciones militares extranjeras del puerto y de la región: la norteamericana, primero; más tarde, la francesa. Las formas de entretenimiento antiguo se exponen a través de las referencias al funcionamiento de dos de los teatros (uno ya inexistente y el Ángela Peralta); así como, la trágica muerte de la diva mexicana de la ópera del siglo XIX, durante una gira por los puertos de la costa mexicana del Pacifico.

La descripción de los avatares que atravesó la modernización de Mazatlán, durante larga época que gobernó en el país el General Porfirio Díaz, se desarrollan a partir de fotografías del periódico local más influyente en esos tiempos, la introducción del servicio de agua potable desde el río más próximo hasta las calles citadinas, la crónica de la familia más prominente en la escala social, la inauguración de la cervecería emblemática de la región, las epidemias que se debieron vencer, la biografía del más célebre de los médicos que contribuyeron a erradicar la peste y las celebraciones, en la comarca, del centenario de la independencia del país. La revolución mexicana de 1910 a 1917 pasó por Mazatlán en tren y en avión, tal y como se plasma en el recorrido cronológico que reseñamos. Tampoco podían faltar ahí las notas sobre la oriundez porteña de dos personajes de fama internacional: Pedro Infante y Genaro Estrada.

Finalmente, sobre la historia mazatleca en el siglo XX, se menciona un episodio penoso, la guerra fraticida que se vivió en la década de los treinta de esa centuria; pero, por otra parte, se incluye el logro mazatleco de alcanzar la designación de sede de una circunscripción de la iglesia católica; y, por último, se hace relación de los singulares orígenes de dos las actividades económicas de donde se sostiene la vida porteña: la pesca de camarón en alta mar y el turismo.

La narración cronológica, conformada por ciento cincuenta y ocho datos históricos, se cierra en el 2000, simplemente porque había que cerrarla en algún momento.

 

 

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